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Palabras para Domingo

1.14.18

1 Samuel 3 3b-10, 19

1 Corintios 6: 13c-15ª, 17-20

Juan 1: 35-42


 

 

Segundo

Domingo

2017

 

La Iglesia hoy nos da el tema de llamada y respuesta como el enfoque de las lecturas.  La llamada viene a personas ordinarias, y por maneras ordinarias.  Por ejemplo, la llamada de Samuel, un joven que servía en el templo, vino durante la noche cuando Samuel estaba dormido.  No reconoció la voz del Señor hasta la tercera vez que se levantó y fue donde el sacerdote Eli.  Era Eli que le dijo a Samuel que era el Señor que le estaba llamando.  El contestó y desde este momento el Señor hizo grandes obras por medio de Samuel.       

 

El Evangelio de San Juan nos cuenta la llamada de los primeros discípulos de Jesús. Es interesante que los discípulos estuvieran seguidores de Juan el Bautista cuando pasó Jesús.  Jesús iba a pasar desconocido hasta Juan le señaló diciendo: “Este es el Cordero de Dios”, indicando a los discípulos que Jesús es el cumplimiento de la profecía de Isaías acerca del sirviente sufrido.  Era Juan que reconoció a su primo como el Mesías.  La llamada de Jesús era para Andrés y su compañero, pero Juan servía como instrumento.

 

Jesús no vino en manera dramática, con manifestaciones de poder milagroso.  Vino con la apariencia de cualquier hombre de Palestina, vestido como ellos, con las mismas características.  Jesús vino en lo ordinario de lo humano, caminando cerca del lugar donde Juan estaba predicando con sus discípulos.  Los discípulos necesitaban la intervención de Juan para empezar su caminata con Jesús.  Mismo viéndole a Jesús, lo único que les venía a la mente era la pregunta, “¿Dónde vives, Rabí?”  Después pasaron todo el día con Jesús antes de reconocerle como Mesías. 

 

Creo que el mensaje es que nosotros también necesitamos la intervención de otros para ayudarnos a ver al Mesías.  A veces estamos tan enfocados en lo normal, el ordinario, la rutina de la vida, que no podemos escuchar la voz del Señor o ver su presencia en nuestra vida.  Como los discípulos de Juan, estamos contentos con el ritmo de la vida, con nuestra manera de pensar y actuar.  Pero por medio de un maestro, un amigo, o mismo una persona desconocida, podemos abrir los ojos y entender que el Señor está con nosotros. 

 

Nos cuesta dedicar tiempo para explorar los misterios de la presencia de Dios.  Si andamos tan ocupados con el trabajo, con las necesidades de la familia, con los problemas de los vecinos, y no llevamos estas preocupaciones al Señor, puede ser que no vemos como Dios nos está llamando en estas situaciones.  

 

Dios sigue llamándonos a seguirle y vivir más profundamente la vida del Espíritu Santo.  Cada semana en la misa y en la Santa Comunión, hay una oportunidad de abrir el corazón y dejar penetrar el misterio de Dios-con-nosotros.  Hoy oremos que tengamos la gracia de escuchar las voces que nos están indicando que bien cerca de nosotros pasa el Cordero de Dios, el Mesías, el Ungido que caminaba con los primeros discípulos. 

 



Sr. Kathleen Maire

kmaire@verizon.net



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