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Palabras para Domingo

 

Génesis 9:8-15

1 Pedro 3:18-22

Marcos 1: 12-15


 

Empezamos la primera semana de la Cuaresma con una lectura del libro del Génesis, donde leemos sobre la Alianza que Dios hizo con el mundo.  Nos ofrece una imagen de un Dios que desea estar cerca con los seres humanos, a pesar de todo lo que hacen para romper esta relación.  Ahora Dios promete que nunca más el mundo estará destruido por el agua.  Dios hace una alianza no solamente con la familia humana, pero también con todas las criaturas del mundo, con el misma planeta tierra.  Dios renueva el mensaje de la primera creación.  El mundo es sagrado, todo lo que vive es sagrado, y la persona humana es sagrada.    Es importante tener en cuenta en este pequeño relato, que esta Alianza no fue hecha solamente con Noé, sino también con todos sus descendientes.

 

Esta lectura refleja la promesa universal que Dios hizo con la humanidad, antes de las divisiones de raza, religión o lenguaje.  Al leerlo, nos damos cuenta que debemos tener un respeto profundo por la naturaleza, tenemos que cuidarla y tratarla como don de Dios.  En este momento de la historia cuando vemos la explotación de la tierra, la destrucción de las aguas y las selvas, la contaminación del aire en las ciudades es bueno recordar que Dios hizo una alianza que incluye también a la naturaleza. 

 

El Evangelio nos da un corto relato de la tentación de Jesús en el desierto.  No está lleno de detalles dramáticos como nos cuenta san Mateo y san Lucas.  Es más bien una sencilla historia de la lucha de Jesús contra las fuerzas del mal.  Pero si tiene detalles muy importantes.  El primero es que el Espíritu impulsó a Jesús a retirarse al desierto.  Jesús estaba lleno del Espíritu de Dios, y desde el principio de su vida pública, tenía que luchar contra las fuerzas que trataron de desviarle de su misión.  Jesús entendió bien que su misión era la de compartir el amor libertador de su Padre.  Muchas veces, hubiera sido tan fácil darle a la gente lo que querían: pan, sanaciones, vencimiento de los enemigos, prestigio y posiciones de importancia.  Era solamente su fidelidad al Espíritu que llevó a Jesús a seguir un camino de predicación y de la no-violencia. 

 

La gente del tiempo de Jesús conocía bien las Escrituras.  Oyendo este pasaje, seguro que pensaron en el profeta Elías, que pasó tiempo en el desierto y recibió comida de un ángel.  Dios después le mandó a un viaje de cuarenta días, al Monte Sinaí, el mismo monte donde Moisés recibió los diez mandamientos.   También, la gente sabía de memoria la historia de Moisés y los cuarenta años que los israelitas pasaron en el desierto antes de llegar a la Tierra Prometida.  Por la intervención de Dios, Moisés encontró la manera de proporcionar comida a su gente.

 

Lo que san Marcos nos está diciendo es que Jesús es el nuevo Moisés, y que vino para sacar a su gente de la esclavitud del pecado y llevarla a la libertad de hijos/as de Dios.  Por su fidelidad a Dios, Jesús pudo pasar cuarenta días entre animales salvajes sin peligro, y en la escasez del desierto.      

 

Con estas lecturas la Iglesia nos invita a recordar nuestra alianza con Dios, una alianza que está basada en la bondad de Dios y que nos invita a vivir dignos de su favor.  Nos recuerdan que el mundo es creación de Dios y que debemos hacer todo lo posible para mantenerlo puro y limpio.   Y más que todo, el Evangelio nos recuerda que es solamente por fidelidad a Dios que podemos evitar las tentaciones al abuso de poder. 

 

Por tanto, la Cuaresma nos ofrece una oportunidad para meditar en nuestra alianza con Dios, una alianza sellada por el Bautismo.  Debemos renovar nuestras promesas bautismales para vivir reconociendo a Dios como centro de nuestra vida, y esforzándonos a vivir en conformidad con su voluntad. 

 



Sr. Kathleen Maire - kmaire@verizon.net



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