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Palabras para Domingo

07.22.18

Jeremías 23: 1-6

Efesios 2: 13-18

Marcos 6: 30-34


La semana pasada escuchamos el relato de la primera salida de los apóstoles como mensajeros de la Buena Nueva. Jesús les había mandado de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Tenían sus órdenes: predicar el arrepentimiento, expulsar a los demonios, curar a los enfermos. O sea, Jesús les había mandado para seguir sus pasos, para participar en la gran misión de su vida. Y esta semana ya están de vuelta, cansados y ansiosos para contar a Jesús todo lo que pasó.

Jesús les recibe con ternura. Les invita a descansar, en la soledad. Jesús entiende lo que es la fatiga. Dice San Marcos que había tanta gente viniendo y saliendo que ni tenían tiempo para comer. El maestro sabe que necesitan tiempo aparte, tiempo para reflexionar sobre sus experiencias y para recuperarse. Les estaba dando una oportunidad de buscar un equilibrio mental y psíquico. Pero su plan de arreglar un retiro espiritual fracasó. Llegando al lugar apartado y tranquilo, encontró a la gente esperándoles. Y Jesús, al ver esta gente, compadeció de ellos, porque "andaban como ovejas sin pastor".

Vale la pena pensar un momento en el sentido del pastor. En la primera lectura el profeta Jeremías se queja del modo de actuar de los pastores de su pueblo. En otros pasajes del libre de Jeremías, Dios denuncia que los falsos pastores predican a si mismos, que buscan su propio interés y no el de las ovejas, descuidando su deber. Pero un buen pastor se dedica completamente a las ovejas, teniendo siempre en mente su bien. El buen pastor tiene que proteger a su rebaño, pero tiene que preocuparse también para su comida, el agua y la posibilidad que una u otra se pierda. El buen pastor tiene que entregarse completamente, porque en un momento de descuido, el desastre puede ocurrir.

Dentro de la Iglesia, usamos la palabra "pastor" para los Obispos y para los sacerdotes. La Iglesia pide que los Obispos y los sacerdotes sean también dedicados completamente a su gente. No están llamados a funcionar como jefes de corporaciones ni de presidentes de empresas. Si, es verdad que tienen la responsabilidad de cuidar las finanzas y los edificios de las parroquias, pero su mayor interés tiene que ser el bien espiritual de la gente. Si ellos se pierden en el mantenimiento de edificios y no tienen tiempo para el cuidado espiritual de la gente, están dejando su vocación esencial.

El buen pastor tiene que ser una persona de compasión, un individuo que siente el dolor de la gente y que entiende porque tiemblan de miedo. Un buen pastor tiene que apoyar a los padres que agonizan sobre el futuro de un hijo con problemas psicológicos. Un buen pastor tiene que entender los sentimientos de un hombre que perdió su dignidad cuando perdió su trabajo. Un buen pastor no puede separarse de sentido de abandono de una mujer responsable por sus hijos cuando le deja su marido. Un buen pastor tiene que acompañar a los enfermos y los ancianos en el trauma de su debilidad.

Y no es solamente los sacerdotes que tienen esta carga. Todos compartimos esta misión de pastor. Por el sacramento de Bautismo, entramos en la gran vocación del sacerdocio. Mientras que hay gente sufriendo; mientras que hay necesidad de justicia; mientras que hay pobres temblando de miedo; mientras que hay gente confundida acerca de su futuro; sabemos que Jesús sigue compadecido de ellos, porque "andan como ovejas sin pastor". Y Jesús nos manda, como mandó a los primeros apóstoles, para actuar en su nombre.

Entonces, entramos en el verano con la invitación de descansar un poco. Vamos a necesitar todas nuestras fuerzas en el trabajo después.


Sr. Kathleen Maire -  kathleenemaire@gmail.com


 

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