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Palabras para Domingo

7.29.18

Reyes 4: 42-44

Efesios 4: 1-6

Juan 6: 1-15


 

Sabemos que, en el mundo de hoy, hay millones de personas que mueren de hambre.  Además, hay otros millones que sufren de enfermedades causadas por el hambre.  Es tan triste ver que los niños en muchos países no se desarrollan como deben porque no hay vitaminas o proteína en su dieta.  Tal vez no lo vemos de cerca, pero los programas de televisión nos enseñan esta realidad en detalle.  Entonces, cuando escuchamos las lecturas hoy, debemos tomar en cuenta la situación de tantas personas hoy en día.  

 

En las dos lecturas de Reyes y de san Juan, hay muchas personas en necesidad de comida.  No es solamente que tienen hambre, pero que hay muy poca comida.  En las dos lecturas los encargados del grupo se preguntan que deben hacer.  Insisten que no hay suficiente para todos.  Ellos piensan que sería mejor despachar a la gente, en vez de dar a algunos y no a otros.  Pero Eliseo y Jesús insisten que sí, hay suficiente.  Y cuando la comida está repartida, es verdad que no solamente hay suficiente, pero hay sobras. 

 

Sabemos que los problemas de escasez hoy no se pueden solucionar fácilmente.  Unos cuantos individuos no pueden eliminar las causas de hambre, y no pueden salvar a todos los que sufren.  Sin embargo, al nivel individual como al nivel de la comunidad, hay algo que podemos hacer. 

 

En el Evangelio vemos el contraste entre los apóstoles que viven de la mentalidad de escasez y Jesús que vive de la mentalidad de abundancia.  Los apóstoles ven que hay poca comida, y quieren guardarla para el joven que traía los panes y pescados y tal vez para ellos mismos, pero no compartir con la muchedumbre.  Jesús, al contrario, vive de la mentalidad de abundancia.   Viendo la gente, se dio cuenta que, entre todos, hay suficiente.  Entonces, Él manda a los apóstoles que vayan distribuyendo la comida, y ocurre el milagro. 

 

A veces nosotros, como los apóstoles,  vivimos de la misma economía de escasez.  Sabemos que no hay suficiente para todos y nuestra reacción es guardar todo lo que tenemos. Pero Jesús nos enseña que debemos pensar más bien en la abundancia de los dones de Dios.  Si pensamos así, siempre podemos compartir un poco de lo que tenemos, y generalmente, vemos que hay más que suficiente.  Podemos vivir así- ofreciendo comida a los comedores de nuestro vecindario, compartiendo con una familia que sabemos vive en necesidad o donado dinero a alguna organización en que tenemos confianza. 

 

No debemos perdernos en entender cómo pasó los milagros de las dos lecturas, porque el mensaje es demasiado profundo para perder.  En el mundo donde sabemos lo que pasa en nuestro país, en comunidades de color y de pobreza, en comunidades de naciones que sufren de la explotación de los ricos, en países arruinados por la guerra y la violencia, no podemos ignorar el grito de la gente que pide pan.  Jesús hizo su milagro utilizando la colaboración de los apóstoles.  Hasta hoy, Jesús sigue dando su instrucción a nosotros, “Reparte el pan a todos los que tienen hambre.”


Sr. Kathleen Maire -  kathleenemaire@gmail.com


 

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