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Palabras para Domingo

Trigésimo segundo domingo del tiempo ordinario

Sabiduría 6: 12-16

1 Tesalonicenses 4: 13-18

Mateo 24: 42a-44


 

La pregunta, “¿Cómo debemos esperar la llegada inminente de Cristo?” forma parte del mensaje en las lecturas de hoy. Es una pregunta de suma importancia para los cristianos del primer siglo. En la carta a los Tesalonicenses, san Pablo nos recuerda de la importancia de no vivir como los que no tienen esperanza.  Si creemos que Dios resucitó a Cristo, también nosotros resucitaremos con Él.  San Pablo nos recuerda que así como Cristo entró en su gloria, así también nosotros vamos a entrar en esa gloria.

 

El Evangelio de san Mateo fue escrito años después que la carta de san Pablo a los Tesalonicenses hubiese sido escrita.  Sin embargo, los primeros cristianos recordaban una parábola de Jesús donde hablaba del tema de la espera.  Aun así, ellos se encontraban impacientes por la segunda venida de Cristo.  Para ayudarles a calmar un poco su ansiedad, San Mateo comparte la parábola del novio y las damas de honor.  Los oyentes conocían las costumbres de su cultura: los arreglos de un matrimonio se hacían entre las dos familias, no entre los novios; los matrimonios solían ser entre familias de distintas aldeas;  y los negociantes eran los patriarcas de las familias.  Debemos recordar, que muchas veces había demoras largas a causa de detalles de último momento. 

 

Cuando por fin, la familia del novio estaba lista, el joven salió a la aldea de la novia.  Las damas de honor le esperaban para darle la bienvenida y guiarle a la casa de la novia.  Era de noche y no había luz.  Era de suma importancia  iluminar el camino desconocido para evitar accidentes.  Esto era la introducción en la historia de la parábola.  Sin embargo, el punto culmen de la historia era la preparación de mantener suficiente aceite por parte de las damas de honor para la larga espera del novio. 

 

Lo que san Mateo nos quiere enseñar es que nosotros somos como las damas de honor, que esperamos con anticipación y alegría, y a la misma vez, sin saber la hora cuando Cristo viene por segunda vez.  Como las jóvenes previsoras, debemos estar listos con bastante aceite.  El aceite es la vida divina obtenida en el bautizo.   Tenemos que cuidarla durante toda la vida.  Hacemos esto en la oración, en los sacramentos, en el estudio de la Biblia, en las obras de caridad, en las acciones diarias hechas con el amor que tenemos por Cristo.  San Mateo también nos recuerda que este aceite no se puede conseguir al momento último cuando venga el Señor.  Tenemos que estar preparados y listos, porque no sabemos ni el día ni la hora de la llegada del Señor. 

 

¿Es posible que se apague la luz divina?  Lastimosamente, sí.  Pero aún tenemos tiempo.  Podemos atender a ella ahora, dedicando tiempo a la oración, participación en la eucaristía, y especialmente en las obras de caridad a nuestros vecinos.  Lo importante es que estemos preparados. 

 

Durante el mes de noviembre, recordamos a nuestros seres difuntos y ofrecemos oraciones por ellos.  Vivimos con la esperanza que algún día, vamos a estar juntos en el banquete celestial que Dios ha preparado para todos sus hijos e hijas. 

 



Sr. Kathleen Maire

kmaire@verizon.net



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