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Palabras para Domingo

9.23.18

Sabiduría 2, 12, 17-20

Santiago 3: 16, 4:3

Marcos 9: 30-37

 


 

Podemos imaginarnos la frustración de Jesús en el Evangelio de hoy.  Él esta compartiendo la enseñanza más difícil y profunda de su vida- a tal punto que iba a ser entregado en manos de sus enemigos para ser condenado a muerte.  Jesús habló también de la resurrección, pero aun así sus discípulos tenían miedo de pedir explicaciones al respecto.  La muerte y resurrección de Jesús era algo muy distante en la mente de los discípulos. 

 

Por lo tanto, en vez de tratar de entender lo que estaba diciendo Jesús, los discípulos prefirieron mejor discutir sobre quién de ellos era el más importante.  Ellos se centraron en sí mismos, que los llevó a preocuparse y hasta obsesionarse por su propia posición y ascenso de poder personal.  Seguían pensando que Jesús iba a triunfar como cualquier otro líder militar de aquellos tiempos.  Jesús quería corregir esa tendencia peligrosa y así aclarar de una vez lo que quería de sus seguidores. 

 

De regreso en casa, Jesús se sentó y habló directamente con los doce.  Empezó por invertir la jerarquía de la sociedad de aquella época, una jerarquía en la que los poderosos dominaban a los desamparados.  Él les había asegurado que en el reino de Dios el más importante era aquel que se hiciera servidor de los demás.  Utilizó el ejemplo de un niño- un niño no tiene nada de poder ni de importancia.  Un niño de aquel entonces tenía la función de ayudar a su familia.  Un niño nunca llegaba a tener influencia ni respeto.  Según la enseñanza de Jesús, un niño no tenia importancia en esa sociedad, pero si en el Reino de Dios.

 

Jesús astutamente, en vez de enfocar su conversación en como adquirir posiciones de poder y influencia, Él enseña a sus seguidores que ellos debían preocuparse mejor por el bien de los pobres y desamparados.   Este mensaje es aún más difícil entender hoy día que en el tiempo de Jesús.  Vemos esta dinámica por ejemplo en el mundo de la política, de la sociedad civil, y a veces hasta en la Iglesia.  Los mensajes que recibimos en la televisión y los periódicos nos dicen que la importancia se mide por el precio del carro que manejamos, la marca de ropa que llevamos puesta y las joyas que compramos.  Rara vez vemos alguna propaganda indicándonos que la importancia queda en las ofrendas que damos a los necesitados y la voz que clama por la justicia en favor de los pobres.

 

¿Quiénes son ejemplos de esta clase de servicio en nuestra comunidad?  Pensamos en todas las personas que trabajan con los ancianos y los inválidos.  Pensamos en los que limpian los corredores de los hospitales y las escuelas de nuestra comunidad; en los que recojan la basura de nuestras calles; en los que están encargados de las reparaciones de puentes y caminos; en las personas que cuidan de niños después de la escuela.  Pensamos en las enfermeras que trabajan con pacientes con enfermedades mentales; los maestros que pasan sus días con niños con necesidades especiales.  Pensamos en las muchas mujeres que cuidan a sus papas en su vejez.  Creo que cada uno puede añadir su propia lista de servidores humildes que conocemos personalmente.        

 

Es muy cierto que los discípulos de Jesús tuvieron mucho problema en entender el mensaje de él.  Pero nosotros tenemos la ventaja de dos mil años de historia para ayudarnos a entender su sentido.  Al acercamos para recibir el Cuerpo y Sangre de Jesús durante la comunión, pidámosle a Dios la gracia de reconocer que por nuestro bautizo en Jesús somos llamados a ser servidores, como humildemente Él lo fue para los demas.


Sr. Kathleen Maire -  kathleenemaire@gmail.com


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